Editorial. Monseñor Margarito Salazar Cárdenas
- Mons. Margarito Salazar Cárdenas

- 17 may
- 3 min de lectura

Muy queridos hermanos lectores de la Revista “Navegando”. Los saludo cordialmente, y pido porque estén llenos de fe, alegría y paz que da la resurrección del Señor Jesús.
Hoy, 17 de mayo, cumplo un mes y 8 días de haber recibido la Diócesis de Tampico, que Dios, a través del Santo Padre puso en mis manos, por gracia de Dios e inspiración del Espíritu Santo. Es un privilegio que agradezco a Dios y a mi Iglesia Católica. Espero, con la gracia y luz del Señor, poder servir a esta amada Iglesia tampiqueña con alegría, fortaleza y la sabiduría necesaria del pastor que da la vida por sus ovejas. Es una distinción y un privilegio poder servirles como su obispo.
Llegué a esta bendita tierra a los 4 días de haber celebrado la RESURRECCIÓN del Señor. En plena octava de Pascua. La alegría de este acontecimiento se unió al dinamismo de cerrar una etapa, abrir otra, entregar y recibir, salir y entrar, llorar las despedidas y recibir alegres bienvenidas, todo en una vorágine de acontecimientos, de emociones y explosiones de sentimientos. A los dos días, ya me había encontrado con el presbiterio, con la familia del seminario y con muchos medios de comunicación y diversos grupos que habían pedido un encuentro. Y todavía no acabo. En este tiempo ya son muchas las parroquias, desde las de Ciudad Mante hasta las de Tampico, con encuentros festivos en las comunidades. Encuentros de pastoral decanales, la Asamblea diocesana de Pastoral, el Encuentro diocesano de laicos, las Fiestas patronales, algunas confirmaciones, el Encuentro juvenil “Fuego Nuevo”, las entrevistas en el Obispado y las celebraciones dominicales en la Iglesia Catedral de la Inmaculada Concepción. Todo esto, en muy poco tiempo.
Y ya estamos en la víspera de la ASCENSIÓN del Señor, acontecimiento que cierra la presencia de Cristo resucitado visible para los apóstoles. El Catecismo de la Iglesia católica dice de la ascensión del Señor: Sólo el que «salió del Padre» puede «volver al Padre»: Cristo. «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre» (Jn 3,13)… Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, «ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino» (No. 661). Así, hermanos, este misterio de la vida de fe nos alienta, nos da firme esperanza festiva en el encuentro definitivo con el Señor, siempre en actitud de Iglesia peregrina que realiza diariamente el esfuerzo por ganar el premio prometido de vida eterna en el Señor nuestro Dios. Los invito a ser de los que asumimos las palabras de Jesús el Señor en el evangelio de San Mateo: “Vayan, pues y hagan discípulos a todos los pueblos…” Es la tarea que nos deja.
Y luego vendrá el gozo de celebrar la solemnidad de PENTECOSTÉS. El regalo del Padre a su Iglesia, que la ilumina, le regala sus dones y la abre a la misión de extender su evangelio a toda creatura. Que vivamos pues, estos acontecimientos en sintonía con toda la Iglesia universal, con los proyectos de nuestro Santo Padre el Papa León XIV, que nos ubiquemos en el Plan Diocesano de Pastoral con estas encomiendas del Señor para ser una Iglesia en salida, en sinodalidad y siempre llena, dinamizada e iluminada por la presencia del Espíritu Santo. Que así sea.
Les imparto a todos la bendición del Dios, todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
₊ Margarito Salazar Cárdenas.
Obispo de Tampico.
Año del Señor




Comentarios